Amor de verano

  • Amor de verano

    Amor de verano

    De repente, tu cuerpo no sabe si correr en dirección contraria abrumado por la determinación y el descaro de ese buscavidas, que hace dos años aterrizó en Formentera para quedarse.

    No le importan los libros ni es carne de horario de oficina. Dice sentirse libre escribiendo al alba y recorriendo la isla llevando su quad al límite. El dinero le importa lo justo para poder vivir sin corbata ni cuentas bancarias. Un cubata “como los de antes” y un cigarro de liar es todo lo que le hace falta para dar las buenas noches con una sonrisa, satisfecho por vivir al día en una isla que un día fue virgen.

    Comer un helado de chocolate y frambuesa, sin importarte cómo se derrite sobre tu barbilla salada. Saltar las olas del mar de su mano, a cuerpo descubierto, para después rebozarte en arena blanca buscando calor y cobijo. Olvidarte el reloj en una pequeña casa de pescadores, su refugio nómada que un día hiciste tuyo sin preguntar, al dejarte la chaqueta de paillettes multicolor con la que te vio por primera vez.

    La misma que decidiste no meter en la maleta el día de tu marcha. Sin reglas ni planes; pero sí promesas. Solo una: “cuando el sol se ponga, no me olvides”.